sábado, 4 de julio de 2009

Anoche



Anoche, el creador de una de las más bellas bandas sonoras que nos ha legado el Cine reciente (“Le fabuleux destin d’Amélie Poulain”), visitaba A Coruña. Poco más conocía de Yann Tiersen antes de asistir al recinto ferial donde tuvo lugar el concierto, salvo por lo que pude averiguar en Internet: “considerado el más grande multi-instrumentista de la época”, decía una reseña que, leída a posteriori, cobra el sentido que los ingenuos no supimos darle, cegados acaso por la pasión.

Lamentablemente, la realidad mostró una cara bien distinta: sobre el escenario, los instrumentos musicales propios de una banda de rock advertían al público de que Amélie se había quedado en París, flotando en el éter de una evocación infantil, “impropia” de la edad adulta. En su lugar, cinco no tan jóvenes músicos proclamaban su rebeldía abruptamente, con la inestimable colaboración de un enfermizo nivel de decibelios que amenazaba con hacer saltar por los aires los tímpanos de los presentes.

Apenas cinco canciones más tarde abandoné mi privilegiada situación a escasos metros del escenario para protegerme de un mal mayor (la vibración era tan fuerte que no sólo sacudía mis oídos, sino la mayor parte de mi cuerpo). El resto del acto confirmó que se trataba de un festival en homenaje al ruido, al escaso sentido armónico y a un deconstructivismo musical impropio de un compositor con tanto talento.

No tengo palabras para expresar la decepción que sentí. Entiendo que en la música, como en cualquier otra disciplina artística, ha de existir un margen creativo que permita la exploración de distintos estilos para poder evolucionar, pero creo que en este caso el resultado ha sido nefasto. Eso, de ser este el efecto y no su causa, pues si fuese al contrario (y la expresión cinematográfica y minimalista de su música constituyese la honrosa excepción), lo consideraría simplemente una manifestación de mal gusto; algo difícil de creer, conociendo la trayectoria del autor.

Por mucho que las pésimas condiciones acústicas de Expocoruña no ayudasen (alguien debería de plantearse la celebración de conciertos en un lugar tan poco apropiado), me fui con la impresión de que Tiersen renegaba de la música que lo dio a conocer en todo el mundo. Una decisión incomprensible, porque pocas historias suenan tan a ser humano como la de la camarera del Montmartre que un día nos acarició el alma.

... anoche, yo también extrañé a Amélie...


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